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Pandemia y el rol del Estado: Que el COVID-19 no nos pase en vano

Jefe carrera de Administraci√≥n P√ļblica UVM, Emmanuel Osses Valle, analiza el escenario a nivel mundial de la crisis sanitaria y reflexiona sobre la situaci√≥n en Chile.

VI√ĎA DEL MAR | 28 de abril de 2020
Pandemia y el rol del Estado: Que el COVID-19 no nos pase en vano

Las grandes pandemias que ha enfrentado la humanidad han traído consecuencias no sólo en lo estrictamente sanitario. La historia ha demostrado cómo éstas han implicado enormes desafíos para los estados, e incluso han sido catalizadoras de transformaciones en los sistemas económicos, políticos y sociales.

En ese sentido, se ha establecido que la peste negra contribuy√≥ de manera gravitante al debilitamiento del feudalismo, al fortalecimiento de la burgues√≠a y proyect√≥ un sentido laico sobre la muerte que debilit√≥ el mito cristiano del para√≠so, alterando con ello los fundamentos de las estructuras medievales. Algunos autores se han referido al respecto, ejemplo Blacik destaca c√≥mo la gripe espa√Īola de 1918 propici√≥ la insatisfacci√≥n con el sistema pol√≠tico espa√Īol e impuls√≥ el establecimiento de un Estado impersonal y profesionalizado. A su vez, S√°nchez (2020), reconoce que las llamadas enfermedades sociales de comienzos del siglo XX desarrollaron en la elite la convicci√≥n de que una nueva fase de acumulaci√≥n s√≥lo ser√≠a posible con una masa trabajadora saludable e higi√©nica, lo que en Am√©rica Latina signific√≥ trasladar la responsabilidad sanitaria desde la caridad cristiana a una autoridad estatal.

En consecuencia, todas las grandes epidemias han traído consigo una fuerza reformadora, que es germinada por las debilidades de los propios sistemas imperantes. Debilidades que, por cierto, no emergen de la enfermedad, sino que quedan de manifiesto y se agudizan bajo el alero de ésta.

En este orden de ideas, y respecto a la pandemia de COVID 19, sin duda es prematuro establecer las lecciones que se sacarán tras su superación. Sin embargo, podemos observar que las experiencias de los países del hemisferio norte, ya han inducido a reflexiones, no sólo sobre los principios que deben primar en la gestión de una crisis sanitaria, sino que también sobre las debilidades estructurales de los sistemas de salud y de los modelos de desarrollo. Y en esta proliferación reflexiva, cobra fuerza un diagnóstico: el déficit de Estado en la salud está pasando la factura en la gestión de la crisis.

Emmanuel Osses Valle

Emmanuel Osses Valle

Si bien es cierto, la salud en t√©rminos puramente econ√≥micos no constituye un bien p√ļblico -en cuanto su consumo es rival y excluyente- √©sta si tiene la capacidad de generar externalidades positivas y negativas en la sociedad completa, independiente de la capacidad individual de acceso que las personas tengan a la salud.

En ese sentido, cuando bajo la bandera de la eficiencia se han impulsado pol√≠ticas de recorte en el presupuesto sanitario o medidas de descentralizaci√≥n que han atomizado la salud p√ļblica- y se han abandonado subsectores de la salud a las l√≥gicas esencialmente cortoplacistas del mercado- ¬†muchos quedan fuera del acceso y las consecuencias las pagamos todos. As√≠, situaciones como precios excesivos en insumos m√©dicos, carencia de camas cr√≠ticas, precariedad en las redes asistenciales, d√©ficit de especialistas o problemas de coordinaci√≥n entre actores locales y centrales, son ejemplos fehacientes de c√≥mo el accionar de los agentes individuales operando racionalmente, nos puede conducir a soluciones sub√≥ptimas en la asignaci√≥n de recursos desde lo colectivo.

Si analizamos el caso de Italia, su pol√≠tica de recorte en el presupuesto sanitario entre los a√Īos 2009 y 2019 fue equivalente a 37 mil millones de euros. El Ministro de Salud de Berlusconi, Ferruccio Fazio, en su oportunidad justific√≥ esta contracci√≥n ante la Organizaci√≥n Mundial de la Salud, aduciendo que ¬ęlos mejores sistemas de salud son aquellos que gastan menos‚ÄĚ.

Hoy, sobre resultados consumados, podemos constatar que esta pol√≠tica racionalizadora implic√≥ para el sistema de salud italiano la p√©rdida de 46 mil trabajadores y trabajadoras de la salud y de 70 mil camas de hospital, cayendo el n√ļmero de camas por habitantes a 3,2, frente a un est√°ndar europeo de 5, lo que ha desarrollado una visi√≥n cr√≠tica sobre estas medidas en diferentes actores del sistema pol√≠tico y sanitario italiano. As√≠, el Presidente del Colegio M√©dico Guido Marinoni, indic√≥ que la pol√≠tica de descentralizaci√≥n de la salud instaurada del a√Īo 2001 provoc√≥ una enorme diferencia en los servicios entre el norte y las zonas m√°s atrasadas del sur, precisando que ‚Äúest√° claro que deberemos volver a pensar c√≥mo se organiza el sistema cuando acabe todo esto‚ÄĚ. En esa misma l√≠nea, pol√≠ticos de los partidos que sostienen la coalici√≥n del Gobierno italiano se han mostrado a favor de la recentralizaci√≥n de la sanidad, siendo el propio vicepresidente del Partido Dem√≥crata (PD), quien sostuvo que ‚Äúno tiene sentido tener veinte sistemas de salud diversos, ni tampoco las excesivas concesiones al sector privado‚ÄĚ, ¬†enfatizando en que la sanidad debe retornar al stato.

Por su parte en Francia y a ra√≠z de los planes de racionamiento que se vienen impulsando en este pa√≠s, el Presidente de la Federaci√≥n de M√©dicos, Jean Paul Hamon, se√Īal√≥ la necesidad de crear una comisi√≥n de investigaci√≥n. ‚ÄúPara saber c√≥mo se ha dejado a Francia sin protecci√≥n‚ÄĚ. Asimismo, el propio presidente Emmanuel Macron- en una declaraci√≥n con tintes de mea culpa y a contrasentido de sus discursos liberales- indic√≥ que ‚Äúlo que revela esta pandemia es que hay bienes y servicios que deben estar fuera de las leyes del mercado‚ÄĚ agregando que

‚Äúla salud (‚Ķ) no son costos, ni cargas, sino bienes preciosos, ventajas indispensables cuando el destino llama a la puerta‚ÄĚ.

Estas visiones cr√≠ticas parecen indicar que en Europa se ha comprendido que la racionalidad del mercado no siempre coincide con la racionalidad sanitaria, que el control de las pandemias requiere un abordaje desde la dimensi√≥n colectiva que el Estado puede garantizar y que los mejores sistemas de salud no son ‚Äúlos que gastan menos‚ÄĚ, sino los que salvan m√°s vidas.

En consecuencia- la pandemia, al igual que en otros momentos hist√≥ricos- est√° poniendo en tensi√≥n los principios que sustentan el rol del Estado en el sistema sanitario y en el caso de Europa, su fuerza transformadora probablemente se traducir√° en un giro sustantivo en las pol√≠ticas adoptadas en las √ļltimas d√©cadas, propiciando un rebustecimiento de la salud p√ļblica. Tambi√©n en Chile podemos aprender la lecci√≥n y visualizar la pandemia como una oportunidad para mirar cr√≠ticamente nuestro sistema sanitario y as√≠ el Covid-19 no nos pase en vano.