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Columna de Opinión: «La integración a través de la lengua de señas»

Marcela Godoy Valenzuela, jefa Unidad de Inclusión, Universidad Viña del Mar.

VIÑA DEL MAR | 11 de noviembre de 2019
Columna de Opinión: «La integración a través de la lengua de señas»

La lengua de señas es considerada, de acuerdo a la Convención Internacional de Derechos para personas con Discapacidad, como una lengua que posee la misma importancia en el desarrollo de una persona que la lengua hablada, permite expresar ideas, socializar y conceptualizar. Por lo tanto, promueve su uso y obliga a los Estados parte a facilitar el acceso a ésta desde una edad temprana. Esta lengua posee una estructura gramatical muy diferente a la lengua hablada y es natural en las personas sordas, responde a una forma de interactuar viso-espacialmente con el entorno y varía de país en país. El año 1880, esta se prohíbe en casi todo el mundo, como apoyo a la educación de personas Sordas, desconociéndose su aporte cognitivo y social. En 1960, se avanza en posicionar a la lengua de señas, como un idioma, y con ello se comienzan a masificar modelos educativos que la consideran.

Marcela Godoy, jefa de la Unidad de Inclusión.

En Chile las personas con discapacidad representan el 20% de los chilenos y chilenas, de estos un 8.2% de la población adulta presenta sordera o dificultad para oír.

De los estudiantes con discapacidad que asistían a Proyectos de Integración Escolar (PIE) a nivel nacional, sólo un 29% de éstos accedió a instituciones de Educación Superior en el 2015. Las dificultades que estas personas encuentran en su ingreso y permanencia en ella explica que apenas el 9,1% del total de la población adulta con discapacidad declara tener estudios universitarios completos.

Esta realidad ha sido abordada por el Estado chileno mediante la promulgación de la Ley 20.422 Sobre Igualdad de Oportunidades e Inclusión Social para personas con Discapacidad, que, en Educación Superior, señala la obligatoriedad de proveer a los estudiantes con discapacidad de los medios y materiales adaptados para asegurar la equidad.

Si bien se avanza en el desarrollo de medidas de apoyo y en específico a la discapacidad auditiva, se reconoce que sin un adecuado desarrollo de competencias lingüísticas se vuelve complejo el acceso a la educación terciaria. De allí radica la importancia de la enseñanza de la lengua de señas en los primeros niveles. Hay un gran desafío por delante y esperamos que al 2030 se logre una educación inclusiva, sostenible, a lo largo de toda la vida, para todos y todas.