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Lamentablemente se necesita dinero para que “el mundo gire” y si, además, gira gracias a la buena fe y probidad de los funcionarios gubernamentales y de los ciudadanos, mucho mejor.
Bien se sabe eso en la Organización de Naciones Unidas (ONU), cuyo financiamiento depende en gran medida de las cuotas que anualmente deben pagar todos sus Estados Miembros. Si bien se critica el alto costo de mantener las funciones burocráticas de esa organización internacional, particularmente los sueldos que se deben pagar, lo cierto es que la ONU cumple funciones esenciales para el desarrollo, la cooperación y paz internacionales.
Hay una importante labor que muchas veces se desconoce, que es silenciosa, como por ejemplo, programas de ayuda de acceso al agua, programas de vacunación y de salud pública (basta recordar el importante rol de la ONU en el manejo de la pandemia del COVID y de la ya olvidada crisis sanitaria que generó el letal ébola en los años 2014 a 2016 con más de 11 mil fallecidos), asistencia a refugiados, protección del medio ambiente, seguridad de la infancia, igualdad de género, desarme, control de la energía atómica, entre otros ámbitos en que la labor de la ONU es esencial. También son las diferentes agencias de la ONU, las encargadas de liderar la implementación y monitorear el avance de la Agenda 2030 sobre los Objetivos de Desarrollo Sostenible, que ha logrado convocar y aunar a los Estados Miembros en una visión global de desarrollo. Todo lo anterior es sin perjuicio de que dicha organización es el principal lugar de encuentro de todas las naciones, un foro en el cual poder conversar y cooperar. Por último, a pesar de todas las guerras locales o regionales que han existido y que aún existen, la ONU ha contribuido a evitar una tercera guerra mundial, uno de sus principales propósitos al momento de constituirse en el año 1945.
Esta labor de Naciones Unidas se encuentra en grave peligro. Si solamente consideramos el aporte monetario de los Estados Miembros desde al año 2019, según datos disponibles en la página web de la Comisión de Cuotas de la ONU, sin duda dicha organización enfrenta una grave crisis financiera. Es de esperar que esa crisis no se deba a algo más grave, como puede ser la falta de compromiso o lisa y llanamente, la decepción de los Estados por la inoperancia ante crisis humanitarias que tienen lugar en Siria, Venezuela, o la franja de Gaza por mencionar algunos pueblos que sufren el flagelo de la violación brutal de sus derechos humanos.

Dr. Karl Müller, académico UVM.
Claramente la principal responsabilidad del financiamiento de la ONU y de que esta pueda seguir cumpliendo con sus labores, recae en las principales potencias del mundo. Si se consideran los aportes o cuotas de las principales economías del mundo, el G7 más China y la Federación de Rusia, son el pilar financiero de la ONU. Tanto es así que, si solamente consideramos las cuotas de Estados Unidos de América, que corresponde al 22% del total del presupuesto, y las de China y Rusia, dichos aportes representan un tercio del total del presupuesto de ONU, que para este año 2025 es de 3.720 millones de dólares americanos.
La gravedad de la situación actual se debe a que Rusia, China y Estados Unidos no han pagado aún sus cuotas de este año 2025, y Estados Unidos no lo ha hecho desde el año 2019. ¡Lo anterior significa que el presupuesto de Naciones Unidas se va a ver recortado en un tercio!
Tal vez, más grave que este dato es el hecho de que desde el año 2019 se puede apreciar que hay un importante número de Estados Miembros que no paga sus cuotas, entre 40 a 50 Estados cada año. Dicho problema se agudiza este año 2025 en que solo 103 Estados de los 193 Estados Miembros de la ONU han pagado sus cuotas hasta este momento. Si bien también existen contribuciones valorizadas o entregadas directamente a las diversas agencias de la ONU, la anualidad es un compromiso básico de todos los Estados Miembros.

Dra. Andrea Müller, doctora en Gestión Integral de Aguas.
Antes de la Segunda Guerra Mundial, varios Estados se retiraron de la Sociedad de la Naciones, predecesora de las Naciones Unidas, lo que contribuyó en parte a que se desencadenara finalmente esa Gran Guerra. Hoy los Estados no se han retirado de la ONU, pero no contribuir a su financiamiento es una forma encubierta de retiro que debilidad y paraliza a la ONU. Sin mencionar el cuestionamiento ético, sobre gozar de beneficios o ejercer derechos (como el veto) sin cumplir con la anualidad en el pago de las cuotas.
A pesar de sus debilidades y el costo de la burocracia, el sistema de la Organización de Naciones Unidas ha permitido un desarrollo y convivencia pacíficos por 80 años. Esas bases se están corroyendo y horadando rápidamente. Tal vez, para evitar el colapso del sistema internacional, sería bueno que todos recordaran, en especial los actuales líderes tanto de las grandes potencias como de todos los Estados, incluido Chile, que la ONU, los pueblos del mundo, se unieron en 1945 para “preservar a las generaciones venideras del flagelo de la guerra que dos veces durante nuestra vida ha infligido a la humanidad sufrimientos indecibles”.
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