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Patrimonio e Innovación: avanzar sobre la ciudad del futuro

Universidad Viña del Mar
5 de junio de 2017

Joaquín Bustamante, Director Escuela Arquitectura y Diseño.


Solemos asociar patrimonio con historia o tradición. Sin embargo, me parece importante poner el foco en lo que representa el patrimonio como reflejo del avance de la humanidad.  Visto así, el patrimonio constituye un consenso sobre los valores que sustentan nuestra capacidad de innovar para mejorar la experiencia del desarrollo humano, como individuo, como sociedad y nuestra relación con el contexto.

Al observar el catálogo formal o informal de lo que designamos bien de interés patrimonial, nos encontraremos con casos que sintetizan las trayectorias de la evolución humana, sus puntos de inflexión o convergencia. En su ADN está latente el proceso que gatilla la innovación.

Tanto Valparaíso como Viña del Mar cuentan con ejemplos señeros de desarrollo urbano en función de la innovación del país y la visión de sociedad de los siglos XIX y XX, etapas de grandes contradicciones culturales, económicas, tecnológicas y en consecuencia, sociales. La forma de la ciudad es reflejo de la solución de esas contradicciones: la innovación de su tiempo. La conectividad, la conquista del borde y el equilibrio entre plan y cerro son legados que marcan nuestros puntos de inflexión o convergencia en constante “evaluación”.

Según la planificación urbana  actual, la identificación de los valores urbanos, su conservación y puesta en valor constituyen una oportunidad, el fundamento del proyecto de regeneración urbana contemporáneo. Un espacio de convergencia. Desde esa mirada, los centros históricos, constituyen el principal laboratorio para desarrollar modelos de planificación y diseño urbano que escalan a nivel territorial.

Al observar casos como Madrid, Barcelona, París o Marsella, por ejemplo, podemos recoger los valores que reflejan la evolución de estos lugares en la ciudad. Se trata de lugares hiperconectados, con una red de movilidad integrada y escalada al usuario; re-humanizados, con una red de espacios públicos diversos, inclusivos y confortables; sustentables, con activación de corredores ecológicos y procesos de participación social, y fuerte atractividad en términos de acceso, competitividad y diversidad de servicios para la cultura, educación, trabajo y residencia, en un área muy compacta.

Al recorrer nuestros espacios urbanos históricos debemos sentir el pulso de la innovación. Ése es el mejor caldo de cultivo para mejorar la calidad del proyecto de ciudad: la necesaria mutación de los espacios patrimoniales asumiendo las necesidades del hábitat urbano actual. Intervenirlos es un mandato, nos obliga a actuar con arrojo temerario y extremar la calidad del proyecto; por tanto, cada resultado es un avance concreto sobre la ciudad de futuro.

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