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Lisandro Silva, Director de Magíster, participa en dialogos ciudadanos

Universidad Viña del Mar
23 de junio de 2016

Resolver los problemas de transporte y movilidad se hace cada vez más urgente para cualquier ciudad en desarrollo. Esta realidad no es ajena a la Región de Valparaíso, la cual cada año replica situaciones semejantes a las de Santiago: los altos niveles de contaminación y el aumento en el costo monetario destinado a movilización, son elementos que más tarde se traducen en un deterioro de la calidad de vida de los habitantes y en costos para el conjunto de la sociedad que aumentan la brecha de desigualdad.

Bajo este escenario, Lisandro Silva, arquitecto y actualmente Director de Magíster en Gestión de Proyectos Urbano Regionales, ha dedicado gran parte de su trabajo de investigación y formación técnica avanzada a dar respuesta a la interrogante ¿Cuáles son las condiciones de gestión y competencias técnicas que explican la recurrencia de los problemas actuales de la ciudad?

“En Chile lo que se ha hecho para resolver los problemas de la ciudad, es tener una actitud pasiva y, en el mejor de los casos, reactiva, antes que la actitud proactiva que se requiere para actuar efectivamente”, explica Lisandro Silva, frente a ciudades cada vez más complejas y congestionadas, situación que a su juicio es resultado de una mala política de planificación urbana, donde los problemas se abordan después de que ocurren y en forma parcial, lo cual los hace insostenibles por acumulación de efectos negativos residuales.

Según el experto, los proyectos de urbanización carecen de un enfoque práctico-teórico que permita contextualizar y definir el impacto que las distintas construcciones y dinámicas de urbanización van a tener para los ciudadanos. “Se pasa de los datos al proyecto sin el filtro de los modelos, experticias y teorías que permitan comprender y relacionar fenómenos que identifiquen cuáles son los datos que sirven realmente para resolver el problema de forma efectiva y eficiente”, dice el arquitecto.

Para Silva, “es necesario dar un enfoque relacional y sistémico: las competencias técnicas y saberes interdisciplinarios deben ser puestos a disposición de una comprensión de la ciudad en toda su ‘complejidad organizada’”, concepto acuñado por la urbanista Jane Jacobs, mentora de los movimientos ciudadanos. “En esta nueva concepción de ciudad, el desafío principal es delimitar el problema sin perder las relaciones esenciales que tiene éste con el resto del sistema urbano. Esto se consigue pensando el urbanismo y la planificación urbana, desde y con las comunidades o grupos ciudadanos, involucrando en las decisiones técnicas, la integración o consenso de la experiencia y saberes de múltiples actores sociales involucrados”, agrega el experto.

Disminuir la brecha de la desigualdad

Para Silva es fundamental que la planificación de las ciudades se realice de manera responsable y consecuente con las necesidades de la zona, sin perder de vista la eficiencia y el costo monetario, pues la ineficiencia en la inversión pública o privada, se transforma en costos sociales que pagan los usuarios finalmente.

Como ejemplo, señala el académico, mientras las personas con menos recursos destinan sus presupuestos familiares principalmente en alimentación, vestuario y movilización, la gestión urbana los localiza cada vez más lejos de sus lugares de trabajo, con lo cual el problema se agudiza.

“En este sentido, el transporte y el diseño de la ciudad deben considerar la diversidad de los presupuestos familiares y la estructura de gastos según quintiles de ingresos; el no considerar los efectos diferenciales en ellos, genera que las políticas y proyectos urbanos terminen beneficiando a ciertos sectores por sobre otros. En este sentido, los proyectos tienen que ser pensados para no aumentar la brecha de la desigualdad”, dice Silva.

Los trabajos de investigación del académico incorporan además una innovación necesaria en las políticas de transporte y desarrollo urbano: considerar la importancia de la movilidad en el bienestar y subsistencia económica de las personas, con lo cual se constituye en un nuevo factor de producción o “capital social”. Según datos del Censo y Encuesta Origen destino de SECTRA, ya alcanza al 26% el porcentaje de habitantes que para desarrollar sus actividades económicas o trabajo que sostiene su hogar, depende de la posibilidad de moverse dentro del día en la ciudad, cuestión que afecta a profesionales independientes, contratistas, empresarios, pymes y los tradicionales estudiantes y dueñas de casas. “De esta forma, si los planes de transporte no incluyen esta nueva mirada (la movilidad como activo o capital) en sus modelos y diseño de políticas de transporte, pueden incrementar las brechas de desigualdad, antes que disminuirlas”, puntualiza el experto de la UVM.

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